El próximo gran consumidor de conectividad podría no ser una persona mirando una pantalla, sino un agente de inteligencia artificial trabajando en segundo plano. Comparar precios, organizar una agenda, supervisar compras o monitorizar información de salud son tareas que pueden generar interacciones continuas con servicios en la nube sin que el usuario intervenga en cada paso.
Esta es la principal advertencia empresarial que deja un informe de Ericsson ConsumerLab sobre IA agéntica y redes móviles. El estudio estima que el porcentaje de usuarios de smartphones que emplea este tipo de inteligencia artificial podría pasar del 4% actual al 38% al final de la década.
La cifra merece atención, pero también una lectura prudente. El informe plantea una previsión de adopción y detecta cambios en las expectativas de los consumidores; no ofrece una cuantificación pública del volumen adicional de tráfico que soportarán las redes. Por tanto, no permite concluir todavía cuántos gigabytes, recursos de señalización o inversiones concretas exigirá este fenómeno.
De aplicaciones utilizadas por personas a agentes que actúan solos
La diferencia relevante no está únicamente en incorporar inteligencia artificial a una aplicación. Un agente puede recibir un objetivo, consultar distintos servicios, tomar decisiones dentro de unos límites y ejecutar acciones con un grado variable de autonomía.
Esto modifica la relación tradicional entre usuario, dispositivo y red. Buena parte de la actividad digital actual comienza con una acción visible: abrir una aplicación, reproducir un vídeo, realizar una búsqueda o enviar un archivo. La IA agéntica puede trasladar una parte creciente de esas interacciones al segundo plano.
Según el estudio, sus posibles usos incluyen:
- Programar y coordinar agendas.
- Comparar productos y condiciones de compra.
- Supervisar adquisiciones habituales.
- Monitorizar información relacionada con la salud.
Los encuestados consideran que esta automatización podría ahorrar hasta una hora diaria de navegación. Sin embargo, ahorrar tiempo de pantalla no equivale necesariamente a reducir el uso de la red. El agente puede sustituir una consulta manual por múltiples peticiones automáticas dirigidas a plataformas, bases de datos y servicios de inteligencia artificial.
Qué anticipan los superusuarios de inteligencia artificial
Ericsson ConsumerLab identifica como superusuarios de IA a quienes interactúan de forma continua con servicios multimodales. Actualmente representarían alrededor del 10% de los propietarios de smartphones analizados y el informe prevé que podrían alcanzar el 30% en 2030.
Estos usuarios dedican aproximadamente 2,5 veces más tiempo a aplicaciones y servicios de IA que el usuario medio de smartphone. La previsión recogida en el estudio apunta a que ese tiempo podría multiplicarse por cuatro al final de la década.
Los datos proceden de una consulta a más de 43.000 personas de entre 15 y 69 años en 27 mercados, entre ellos España. De acuerdo con Ericsson ConsumerLab, la muestra representaría a unos 1.700 millones de usuarios de smartphones.
Son indicadores de intención y comportamiento, no mediciones directas del tráfico futuro. Aun así, ofrecen una señal útil: los usuarios más intensivos relacionan su experiencia con la IA con la calidad percibida de la conectividad. Si la adopción se amplía, esa relación podría influir en la valoración de los operadores.
IA agéntica y redes móviles: la carga no será solo de datos
El efecto sobre una red no depende exclusivamente del volumen total descargado. También importan la frecuencia de las conexiones, el número de sesiones, la latencia, el tráfico de subida, los momentos en los que se realizan las solicitudes y la carga asociada a la señalización.
Una consulta multimodal puede combinar texto, voz, imágenes o vídeo. Un agente, además, puede repetir comprobaciones, sincronizar información y mantener procesos activos sin una orden nueva del usuario. Es razonable pensar que esta actividad producirá patrones distintos a los de aplicaciones dominadas por el consumo audiovisual.
No significa necesariamente que la IA vaya a superar al vídeo como principal fuente de tráfico. El informe compartido no aporta datos suficientes para afirmarlo. La cuestión es otra: la red deberá atender un consumo potencialmente más persistente, automatizado y sensible al tiempo de respuesta.
Para los operadores, la calidad percibida también podría volverse más difícil de diagnosticar. Cuando una tarea ejecutada por un agente falla, el cliente puede no saber si el problema está en la cobertura móvil, el servidor de IA, una API de terceros, la configuración del dispositivo o los permisos concedidos. Sin visibilidad suficiente, toda esa complejidad puede terminar atribuida a la conectividad.
Seguridad, identidad y confianza entran en la ecuación
Un agente que consulta información es relativamente sencillo. Uno que compra, reserva, modifica una agenda o accede a datos sensibles plantea preguntas más delicadas: ¿quién lo ha autorizado?, ¿qué identidad utiliza?, ¿qué límites tiene?, ¿cómo se revoca su acceso? y ¿quién conserva el registro de la operación?
El informe analiza precisamente qué papel esperan los consumidores que desempeñen los proveedores de servicios de comunicaciones en la verificación de la identidad de los agentes y en la seguridad de las redes móviles.
Esta expectativa no debe confundirse con una obligación jurídica general para todos los operadores. El alcance dependerá de la regulación aplicable, del servicio ofrecido y de los acuerdos entre operadores, fabricantes, plataformas y proveedores de identidad. No obstante, abre una posible línea de producto alrededor de la autenticación, la gestión de permisos, la detección de comportamientos anómalos y la trazabilidad.
También aparece un riesgo evidente: los agentes legítimos convivirán con automatizaciones maliciosas. Fraude, suplantación, abuso de credenciales o generación masiva de solicitudes pueden aumentar la presión sobre los sistemas de seguridad. Diferenciar actividad autorizada de tráfico automatizado hostil será una capacidad cada vez más valiosa.
El impacto sobre costes y márgenes de los operadores
La adopción tecnológica no garantiza por sí sola nuevos ingresos. Si los agentes generan más tráfico y operaciones de red dentro de tarifas planas, los costes podrían crecer sin una mejora equivalente del ingreso medio por cliente. Esa posibilidad es especialmente relevante para operadores con menor escala o con estructuras mayoristas sensibles al consumo.
Antes de convertir la IA en argumento comercial, cada operador debería analizar cómo afecta a su modelo:
- Cómo se trasladan el tráfico y otros recursos de red a sus costes mayoristas.
- Qué niveles de latencia y disponibilidad puede garantizar realmente.
- Qué capacidad tiene para identificar y resolver incidencias entre distintas plataformas.
- Qué servicios de seguridad o conectividad gestionada puede ofrecer con margen.
- Qué segmentos estarían dispuestos a pagar por una experiencia diferenciada.
Para operadores pequeños y medianos, competir únicamente con más gigabytes puede ser insuficiente. La oportunidad podría estar en construir propuestas dirigidas a empresas, profesionales y usuarios intensivos que valoren soporte, fiabilidad, protección de identidad y control del consumo automatizado.
En el mercado empresarial, además, los agentes podrían operar sobre aplicaciones corporativas y datos sensibles. Esto puede reforzar la demanda de conectividad gestionada, políticas de acceso, observabilidad y continuidad de servicio. Es una oportunidad posible, no automática: exige definir responsabilidades y demostrar valor más allá de proporcionar acceso a internet.
Qué deberían observar los operadores hasta 2030
La previsión de adopción es relevante, pero la planificación de red necesita métricas más concretas. Durante los próximos años convendrá vigilar:
- El tráfico medio generado por cada tarea agéntica y su distribución entre subida y bajada.
- La frecuencia de las acciones en segundo plano y su impacto sobre la señalización.
- La sensibilidad real de estas aplicaciones a la latencia, la congestión y la pérdida de paquetes.
- La evolución del fraude y de la suplantación vinculados a agentes automatizados.
- La disposición de consumidores y empresas a pagar por seguridad, prioridad o garantías de servicio.
- La forma en que fabricantes, plataformas de IA y operadores reparten la identidad, el soporte y la responsabilidad.
La conclusión no es que todas las redes necesiten una ampliación inmediata por culpa de la IA. Todavía faltan mediciones para sostenerlo. La señal importante es que una parte del consumo dejará de estar gobernada directamente por decisiones humanas y pasará a depender de procesos automáticos.
Para los operadores, esto convierte la inteligencia artificial en algo más que una herramienta interna para atender clientes u optimizar operaciones. Puede transformarse en una nueva categoría de demanda, con consecuencias sobre calidad, seguridad, costes y diseño de producto. Quien quiera prepararse deberá medirla antes de intentar monetizarla.
Si estás revisando la oferta, los costes mayoristas o la estrategia de producto de un operador, RED TELECOM puede ayudarte a estudiar cómo encajar estas nuevas necesidades sin convertir más consumo en menos margen.
Fuentes
- Ericsson ConsumerLab. Una vida agéntica: cómo el uso de la IA por parte de los consumidores está moldeando las futuras necesidades de la red. Sin fecha indicada.
- Redacción RedesTelecom. Los agentes de IA serán grandes consumidores de la red en 2030. 18–09–2026.