Una red terrestre puede perder cobertura en el peor momento posible. La cuestión ya no es solo cómo evitarlo, sino qué capa alternativa puede activarse cuando las antenas, la energía o los enlaces de transmisión dejan de responder.
Los incendios registrados en la Sierra Oeste durante el verano de 2026 habrían dado una respuesta relevante: utilizar conectividad satelital directa al móvil y abrirla a clientes de más de un operador. El episodio convirtió un piloto de D2D en España en un servicio básico de emergencia desplegado a una escala mucho mayor.
Según el análisis de Ookla recogido por Redes&Telecom, la actividad creció de forma abrupta en las zonas afectadas, mantuvo niveles elevados después de contenerse los incendios y ofreció una intensidad de señal comparable a la observada en mercados donde estos servicios ya tenían recorrido comercial.
La tecnología funcionó. Pero la conclusión empresarial más interesante va más allá del satélite: el modelo multioperador también respondió.
De piloto limitado a capa de emergencia
Direct-to-Device o D2D —también denominado Direct-to-Cell en determinados despliegues— permite que un teléfono móvil compatible se comunique directamente con un satélite, sin depender de una estación base terrestre cercana. No debe confundirse con otros usos de las siglas D2D asociados a la comunicación directa entre dispositivos.
Durante la última semana de julio, los incendios afectaron a zonas de Ávila, Madrid y Toledo y dejaron sin cobertura móvil a distintas comunidades rurales. De acuerdo con la información publicada, MasOrange y Starlink ampliaron en menos de 48 horas un piloto satelital directo al dispositivo, bajo una autorización excepcional y sin coste para los clientes incluidos en el servicio.
Los datos atribuidos a Ookla reflejan la dimensión del cambio:
- Los dispositivos detectados en la red D2D se multiplicaron por 24 el 25 de julio.
- El uso llegó a situarse 30 veces por encima del nivel habitual el 1 de agosto.
- La actividad permaneció cerca de 20 veces por encima del nivel anterior hasta el 7 de agosto.
- La probabilidad de utilizar D2D fue aproximadamente siete veces mayor en las zonas donde la red terrestre se había degradado más.
Estos datos no convierten el satélite en un sustituto general de la red móvil. Sí muestran algo más concreto: una capa D2D puede aportar conectividad básica cuando la infraestructura terrestre falla y puede pasar de una prueba controlada a una operación real en un plazo corto.
La importancia del modelo multioperador
La mayoría de los debates sobre conectividad satelital directa al móvil se concentran en la constelación, el terminal o el espectro. El caso español introduce otra variable: la capacidad de ofrecer la cobertura de emergencia a usuarios de distintos operadores.
Según la información analizada, los clientes de los operadores participantes pudieron registrarse en el servicio. Otros teléfonos podían detectar la red, pero no utilizarla. Esta diferencia es importante porque demuestra que la cobertura física del satélite no equivale automáticamente a acceso comercial u operativo.
Para que exista un modelo multioperador real hacen falta acuerdos, autenticación, configuración de red, reglas de acceso, coordinación técnica y un marco regulatorio adecuado. La emergencia aceleró esos elementos, pero una autorización excepcional no debe interpretarse como una habilitación permanente ni como una obligación aplicable de forma general a todos los operadores.
Desde la perspectiva del mercado, el precedente abre una pregunta relevante: ¿debe cada operador cerrar su propia alianza satelital o puede desarrollarse una capa compartida de resiliencia accesible mediante acuerdos mayoristas?
La segunda opción podría reducir barreras de entrada para operadores pequeños y medianos. También permitiría que la continuidad básica del servicio no quedase limitada a las marcas con capacidad para negociar directamente con una constelación. Sin embargo, su viabilidad dependerá de precios, condiciones de acceso, prioridades durante emergencias y disponibilidad de espectro.
Qué explica el rendimiento del D2D en España
El análisis atribuye parte del resultado a una geometría orbital especialmente favorable. La zona afectada se encontraba en torno a los 40,3 grados de latitud norte, cerca del punto de mayor densidad de los satélites utilizados. La elevación mediana del satélite respecto al horizonte fue de 46 grados, superior a la observada por Ookla en otros mercados estudiados.
Aproximadamente 400 satélites habrían prestado servicio sobre España durante el periodo analizado. La identidad de las celdas LTE emitidas por la red se contrastó con datos orbitales, encontrándose una coincidencia con el satélite visible sobre el horizonte en alrededor de nueve de cada diez observaciones.
El resultado técnico también es significativo por la frecuencia utilizada. La capa española operó, según el estudio, en 2682,5 MHz dentro de la banda 7. Una frecuencia más alta implica, en principio, mayores pérdidas de propagación que las bandas de 1,8 o 1,9 GHz utilizadas en otros despliegues.
Pese a ello, la intensidad mediana de señal se situó al nivel de Estados Unidos y por encima de la registrada en varios mercados comerciales. Ookla también observó variaciones reducidas cuando los satélites cambiaban de posición, lo que sugiere ajustes de potencia para mantener una recepción más estable. Se trata de una interpretación técnica basada en las mediciones, no de una confirmación detallada del funcionamiento interno de la red.
D2D en España: qué implica para los operadores
La primera implicación es comercial. La resiliencia puede convertirse en una característica de producto, especialmente en zonas rurales, corredores logísticos, explotaciones agrícolas, infraestructuras críticas y actividades que no pueden asumir una desconexión prolongada.
La segunda es mayorista. Si el acceso D2D evoluciona hacia un modelo compartido, los operadores sin red móvil propia podrían incorporar una capa satelital a su oferta mediante acuerdos con anfitriones terrestres y proveedores de constelación. Esto podría ampliar la diferenciación disponible para OMV y operadores regionales, aunque todavía no se conocen las condiciones económicas de un modelo estable.
La tercera es operativa. Activar un servicio durante una emergencia exige más que cobertura satelital. Los operadores necesitan procedimientos de escalado, identificación de áreas afectadas, comunicación clara al cliente, compatibilidad de terminales y coordinación con las autoridades. Una solución técnicamente disponible pierde valor si el usuario desconoce cómo acceder a ella.
La cuarta es regulatoria. El uso de frecuencias móviles desde el espacio plantea cuestiones de autorización, interferencias, coordinación transfronteriza y protección de redes terrestres. El precedente de una activación excepcional aporta información útil, pero no sustituye la definición de un marco europeo estable.
El satélite complementa, no elimina, la infraestructura terrestre
El éxito de una capa básica de emergencia no debe llevar a conclusiones desproporcionadas. La capacidad, latencia y experiencia de uso de una conexión D2D no son equivalentes a las de una red móvil terrestre en condiciones normales. Tampoco desaparece la necesidad de alimentación de respaldo, redundancia de transmisión y planes de recuperación.
Su valor está en otra parte: mantener un nivel mínimo de conectividad cuando la alternativa es no tener ninguno.
Para un operador, esto cambia la conversación sobre resiliencia. Ya no se trata únicamente de reforzar emplazamientos y enlaces, sino de diseñar una arquitectura con capas complementarias. La red terrestre seguirá siendo la base. El satélite puede actuar como respaldo y extender cobertura en áreas donde desplegar infraestructura convencional resulta lento o poco rentable.
Qué conviene observar a partir de ahora
- La asignación y coordinación europea del espectro destinado a servicios directos al dispositivo.
- La evolución desde autorizaciones excepcionales hacia marcos de operación estables.
- Los acuerdos entre constelaciones, operadores con red y operadores virtuales.
- La compatibilidad real de terminales y servicios disponibles para el usuario.
- El precio mayorista de incorporar resiliencia satelital a una oferta móvil.
- Los protocolos de activación y priorización durante catástrofes.
La prueba española aporta algo que hasta ahora escaseaba en Europa: mediciones de una red D2D utilizada bajo presión real y en áreas con degradación de cobertura terrestre. El precedente no demuestra que todos los problemas técnicos y regulatorios estén resueltos. Sí indica que una capa satelital multioperador puede formar parte de una estrategia de continuidad de servicio.
Para los operadores pequeños y medianos, la oportunidad dependerá de que el acceso no quede restringido a acuerdos exclusivos. Si aparece una oferta mayorista razonable, la resiliencia satelital podría pasar de ser una ventaja reservada a los grandes grupos a convertirse en un componente más del producto móvil.
El punto decisivo ya no es si un teléfono puede conectarse directamente a un satélite. Es quién podrá ofrecer el servicio, bajo qué condiciones y con qué modelo económico.
Fuentes
- Albarrán, C. Prueba de fuego del D2D en España: modelo multioperador como precedente de resiliencia en Europa. Redes&Telecom, 22–09–2026.
- Ookla. Análisis del uso de tecnología Direct-to-Device durante los incendios de Sierra Oeste, citado por Redes&Telecom. Fecha no especificada.